Ansiedad cuando la guerra está cerca: cómo sostenerte
Hay miedos que no avisan. Se instalan de a poco: en el sueño que se vuelve liviano, en la mano que busca el teléfono antes que la luz del día, en esa sensación de estar siempre un paso adelante de algo que todavía no llegó. Si lo conocés, es importante entender algo muy simple para empezar: lo que sentís tiene todo el sentido del mundo.
Si algo de esto te resuena, estés donde estés, quizás entender ese estado sea el primer paso para que pese menos.
Tu cuerpo no está fallando: está haciendo su trabajo
Frente a una amenaza real y prolongada, tu sistema nervioso se pone en guardia: sube la activación, la atención se estrecha, el cuerpo queda "listo" para lo que viene. Es una respuesta sana del cuerpo y la mente ante una situación que no lo es. El problema no es que reacciones; es que cuando la tensión se sostiene, el cuerpo queda "encendido" o "alerta" incluso en los momentos de calma. A eso lo llamamos hipervigilancia; cansa, y es normal.
La distancia no siempre alivia
Si no estás en el lugar de los hechos, quizás estás cargando con algo extra: la culpa de estar "a salvo en otro lado", el impulso de estar pegado a las noticias para "acompañar desde donde estoy". Estar lejos no apaga el vínculo ni la preocupación; muchas veces la tensión se vive igual, pero de una manera más solitaria y sin tu círculo de siempre, ese que entiende perfecto de qué hablás.
Qué podés hacer hoy
- Dale un lugar y un horario a las noticias. Informarte no es lo mismo que vivir conectado a los titulares de las noticias. Elegí momentos acotados y específicos, y fuera de eso, intentá dejar la temática a un lado.
- Volvé al presente, con el cuerpo. Cuando la mente se va al "¿y si…?", traela despacio al lugar en el que estés: respiración lenta, apoyá los pies, mirá alrededor. No es magia; es bajarle un poco el volumen a la alarma.
- Cuidá lo básico. Sueño, comida, algo de movimiento. Suena simple, y es lo que más te sostiene.
- No lo lleves en silencio. Poner en palabras lo que sentís —con alguien de confianza o un profesional— le saca peso al cuerpo.
Cuándo conviene buscar acompañamiento
Existen señales típicas ante este tipo de situaciones: dificultad para dormir, comer o concentrarte. Si la ansiedad o la angustia se intensifica, o pasan los días y sentís que el cuerpo no afloja; si notás que estás dejando de hacer cosas que antes hacías —y te hacían bien—, entonces puede que sea un buen momento para apoyarte en alguien más. No es necesario sentir que "estás mal" para empezar; muchas veces, cuanto antes lo hagas, más simple puede ser.
Romper esa barrera: no tenés que sostenerlo solo
Como psicólogo, acompaño a jóvenes y adultos que atraviesan situaciones de este tipo; en tu idioma y desde donde estés. Si algo de esto te resuena, conversar puede ser el primer paso para ayudarte a vos mismo.
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