Mitos que (te) conviene dejar atrás
Todos crecimos escuchando algunas frases tantas veces que dejamos de cuestionarlas: "a tu edad ya tendrías que…", "eso no es necesario", "ya se te va a pasar". Y algunas de esas ideas, repetidas sin pensar, pueden terminar pesando más que el problema en sí.
Vamos a profundizar en algunos mitos muy instalados sobre la terapia, la ansiedad y el bienestar — y por qué quizás te convenga soltarlos.
"Ir al psicólogo es para cuando estás mal"
Es el mito más instalado, y el que más frena. Pero no hace falta sentirte "al límite" para que la terapia tenga un impacto positivo: también es un espacio para prevenir, para conocerte mejor o para atravesar un cambio con más herramientas. Esperar a "estar mal" es, justamente, lo que a veces agranda una situación que al principio era más simple.
"Eso no es necesario"
Es una idea que conviene dar vuelta. Registrar que algo te pasa, entenderlo —y entenderte— dándole un sentido, y animarte a empezar un proceso es una fortaleza, no un lujo, y mucho menos una debilidad. Lo que de verdad cuesta es soltar el convencimiento de que "primero tendría que poder solo": esa exigencia que aplicamos a todo, desde rendir el examen que más nervios da hasta afrontar la situación más difícil. Por eso, cuando algo te está pasando —sea algo nuevo o algo de siempre; más importante o al parecer no tanto—, es natural que buscar acompañamiento no parezca "necesario". Pero quizás la verdadera pregunta no sea si es necesario, sino por qué esperaríamos a estar mal para permitírnoslo.
"A mi edad ya tendría que tener todo resuelto"
Hay ideas que parecen leyes de la naturaleza: que a los 20 hay que estar estudiando, que a los 30 hay que tener un trabajo y una pareja con el rumbo claro. Frases hechas, tan instaladas como vacías. La realidad es que todos atravesamos, en algún momento u otro, una etapa de construcción: de probar, equivocarse y también volver a empezar. El problema no es no tenerlo resuelto; es la vara imaginaria con la que te comparás día a día —esa que, en el fondo, no te mide: te desordena— y solo te deja una sensación de culpa por no estar donde "deberías".
"La ansiedad se va sola, lo mejor es ignorarla"
Ojalá fuera así. Pero ignorar lo que sentís suele agrandarlo, no achicarlo: lo que se esquiva tiende a aparecer por otro lado, y a veces más fuerte. La ansiedad no es algo que se "aguanta" a fuerza de voluntad; se entiende, se trabaja y se le baja el volumen, con herramientas concretas y aprendiendo qué es lo que la enciende. Mirarla de frente, con calma y sin pelearte con ella, es lo que de verdad la afloja con el tiempo. Pero recordá que es un proceso: ni ignorarla ni atacarla como si fuera una batalla personal van a hacer que desaparezca.
"La terapia online no funciona de verdad"
Es una de las dudas más comunes, y de las más entendibles. La evidencia es consistente: para muchos de los motivos de consulta más frecuentes —estrés, ansiedad, estados de ánimo, cambios en tu vida— la terapia por videollamada puede funcionar tan bien como la presencial. En la práctica, lo que sostiene un proceso en el tiempo no es el sillón en el que te sentás ni los adornos de la sala: es el vínculo y el trabajo entre dos personas. Y eso hoy viaja perfecto por una pantalla, con la ventaja extra de hacerlo desde tu lugar seguro, sin traslados ni esperas.
"Si igual lo hablo con amigos, no necesito terapia"
Los amigos son oro, y hablar siempre ayuda. Pero un espacio profesional es otra cosa: ahí no tenés que cuidar al otro, ni devolver el favor, ni preocuparte por cómo cae lo que decís, lo que pensás, o lo que hacés y dejás de hacer. Es un lugar pensado y trabajado especialmente para vos, sin juicios y con alguien formado y dedicado a ayudarte, entenderte y trabajar en profundidad lo que sea que vos decidas traer. No se trata de dejar de charlar con la gente que tenés cerca; se trata de que ambos espacios no compitan, sino que se complementen.
"Lo que veo en las redes no me afecta"
Pasamos horas del día frente a vidas editadas, pensadas para mostrar solo el mejor ángulo, y a veces creemos que a nosotros no nos toca. Pero la comparación constante con esas postales va erosionando el ánimo de a poco, casi sin que lo notemos. Así aparece esa sensación extraña de estar "siempre un paso atrás", de que "todavía tendría que irte mejor". Vale la pena hacer el ejercicio de darte cuenta de que estás comparando tu detrás de escena con la película editada de otro; y solo eso ya cambia cómo lo mirás.
"Soltar estos mitos ya genera movimiento"
Cuestionar lo que dabas por hecho —sobre vos, sobre pedir ayuda, sobre "cómo deberías estar" en cada momento— es, en sí mismo, el primer paso. No hace falta creerte todo lo que leíste acá de golpe; alcanza con plantearte un primer cuestionamiento, una primera duda. Y si alguno de estos temas te resonó, quizás valga la pena darle una vuelta más, esta vez acompañado.
Agendá tu primera consulta →Este contenido es informativo y no reemplaza una consulta profesional.
← Volver a Recursos